Pasar al contenido principal

Loading...

imagen de portada
imagen de portada
Miradas desde la psicología
Copete

 

La epidemia del COVID-19 sacudió al mundo y además de los aspectos vinculados al virus y su propagación, las medidas preventivas y las prácticas de cuidado encierran una serie de aspectos psicosociales que también es necesario atender. ¿Qué implican las situaciones de emergencia en términos emocionales y cómo podemos prevenir sus elementos adversos?, ¿cómo nos cuidamos sin descuidar a quienes se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad?, ¿qué podemos hacer para responder a la epidemia de una manera solidaria y con un enfoque comunitario?, ¿con qué recursos contamos para tramitar la emergencia y para abordar situaciones de vulneración de derechos?, ¿cómo debemos manejar la información que circula y qué cuidados debemos tener al respecto? Estas son algunas de las preguntas que queremos responder desde este espacio. Los distintos apartados fueron elaborados por docentes de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República, y responden a las múltiples miradas y a los diferentes acumulados de investigación en torno al tema. En tanto los procesos que estamos transitando son cambiantes, promueven nuevas preguntas y requieren de nuevas respuestas, este espacio se irá actualizando con sucesivos aportes.

Personas mayores en la pandemia

Por Robert Pérez Fernández (Instituto de Psicología Social)

Body

COVID 19 y edad

EL COVID19 afecta de forma más severa a aquellas personas que presentan patologías previas de base y/o que están inmunodeprimidas. Si bien muchas personas mayores reúnen ambas características, esta afectación es más riesgosa en personas vulneradas por la desigualdad social - pobreza, desnutrición, exposición a las inclemencias climáticas, falta de saneamiento, entre otros - que repercute directamente en la severidad de la enfermedad y su contagio. Por lo tanto se debe tener presente que el principal factor de riesgo ante esta enfermedad son estas condiciones biológicas y sociales, independiente de la edad de la persona.

Actitudes sociales y prácticas que pueden favorecer el maltrato hacia las personas mayores

Desde la perspectiva biológica se ha identificado a las personas mayores de 65 años en general y a las mayores de 80 en particular, como uno de los grupos de mayor riesgo ante el COVID 19. Esto ha justificado una serie de acciones de tutelaje sobre esta población, a partir de un  discurso social en el que es común escuchar sobre acciones que las familias deben realizar para organizar la vida de los mayores que viven en su domicilio. No es extraño que cuando se aborda el tema en los medios de comunicación, se consulte sobre qué tienen que hacer los hijos o la familia para atenderles, así como cuando se presentan materiales informativos que en general son “orientados a la familia y los centros de cuidados” y no a las propias personas mayores. Esta perspectiva ha justificado una serie de violaciones a los Derechos Humanos (DDHH) de las personas viejas, incluyendo su dignidad.

Ahora bien, ¿por qué se da esta  situación?¿Por qué cuando se toma a las personas mayores como un grupo de riesgo se plantea un discurso social de tutelaje por parte de la familia o hijos/as? Llama la atención que esto no sucede con otros grupos de riesgo ante el COVID19, como pueden ser personas jóvenes o adultas inmunodeprimidas o con otras patologías. Menos aún si estas personas pertenecen a un grupo que por ingresos o influencias, se encuentra en una situación de poder o prestigio social. Entonces, ¿por qué se naturaliza socialmente que otros/as tomen decisiones por las personas viejas? ¿es porque no están en condiciones de tomar decisiones y hacerse cargo  autónomamente de sí mismas?. Esto no es lo que se desprende de los datos y estudios académicos sobre esta población.

Las personas mayores en Uruguay. Datos sociodemográficos e independencia funcional

Es común escuchar la idea de que gran parte de las personas mayores se encuentran institucionalizadas o que son dependientes. Sin embargo, los datos del último censo de población plantean un panorama muy diferente:

- Únicamente un 3% de los/as mayores vive en una residencia colectiva (casa de salud).

- El 97% de ellas vive en su domicilio, de las cuáles:
         * 34% de ellas vive sola
           (principalmente mujeres y de edades más avanzadas).
         * 24% vive con otra pareja mayor.
         * 42% vive otros integrantes de su familia.

FUENTE: Brunet y Márquez (2016) Fascículo 7. Envejecimiento y personas mayores en el Uruguay. En: Atlas sociodemográfico y de la desigualdad del Uruguay. Montevideo: Trilce

 

 

A medida que avanza la edad aparecen mayores dificultades para ver, oír y caminar. Sin embargo:

- 85% de las personas mayores no presenta ningún tipo de dependencia para realizar actividades de la vida diaria.
- 10% presenta dependencia moderada.
- 5% dependencia severa.

FUENTE: Paredes y Pérez (2014) Personas mayores en Uruguay: configuraciones familiares, participación social y detección de dependencia. En: Las personas mayores ante el cuidado. Montevideo: MIDES

 

 

Según estos datos, un primer tema a tener en cuenta es que las personas mayores son ciudadanos y ciudadanas con derechos y obligaciones, que tienen plenas capacidades para tomar decisiones sobre su vida de forma autónoma. Sin embargo, cuando se las nombra desde las políticas sanitarias, se utiliza una perspectiva homogenizadora que oculta el tema de las diferencias, ubicando a las personas viejas como un colectivo pasivo y despolitizado, que sólo debe esperar la asistencia de los demás. Esto ha dado lugar a que se planteé toda una serie de medidas y disposiciones homogéneas para el “cuidado”, en las cuales es común asistir a una justificación técnica y social que les arrebata su derecho a decidir sobre sus propias vidas.

Existen varios estudios que ubican esta actitud infantilizadora y parternalista en la base de los abusos y malos tratos a los que son sometidas muchas de las personas de mayor edad, por lo que un primer punto a considerar sobre las personas mayores en esta situación de pandemia, es estar muy atentos a que el estigma sobre ellas no instale fácilmente prácticas de abuso y malos tratos, justificadas por la situación de supuesto “cuidado”.

Sobre la vida cotidiana de las personas mayores que viven en su casa y son independientes

En esta situación inédita de pandemia es común que se instalen en las personas más vulnerables ante esta enfermedad sensaciones de angustia, temor, miedo, ansiedad, ira, muerte. Estos fenómenos, si bien se registran de manera individual, tienen su origen en el contexto social y en la forma de interpretar esa realidad, siendo una respuesta ante esa situación. En las personas mayores, varios estudios han señalado la dificultad que existe en personas adultas o jóvenes para escuchar sus temores y angustia: es más fácil escuchar decir a una persona vieja que tiene un problema de memoria y no que se encuentra angustiada.

Sin embargo, una de las formas más efectivas de poder transformar esas sensaciones de angustia, temor, ansiedad, es poder ponerlas en palabras, produciendo una nueva narrativa sobre lo que está sintiendo cada uno/a y darse un tiempo para escuchar a los/as demás. Es momento de dialogar sobre esto, ya que es la forma en que se puede empezar a construir nuevos significados ante la angustia, transformando ese miedo en una actitud activa sobre su vida y la de los demás. Para eso es central que las personas mayores estén dispuestas a poder compartir lo que sienten y que las personas de otras generaciones se dispongan a escuchar e intercambiar.

Se debe tener presente que la mayoría de las personas de más edad ya han pasado varias situaciones extremas en su vida, por lo cual poseen una experiencia que puede ser útil, no sólo para sí mismas, sino también para otras generaciones. Para ello, es imprescindible que los mayores logren cambiar el lugar de dependencia asignado socialmente, para posicionarse como adultas/os con capacidades de poner a jugar sus experiencias, generando micro estrategias de resistencia en la vida cotidiana, estrategias de resistencia al miedo, a la muerte, a la ira, inventando acciones de cuidado hacia sí mismos y hacia los otros.

Esto tal vez implique cambiar la pregunta ¿cómo se puede ayudar a las personas mayores?, por ¿qué pueden aportar las personas mayores en esta situación?. Un claro ejemplo son las/os médicos jubiladas/os que se han integrado al trabajo asistencial, o aquellas personas mayores que se encuentran cocinando en su casa para hacer viandas a repartir en iniciativas comunitarias de ollas populares, o quienes tienen la habilidad de coser a máquina y se encuentran realizando tapabocas, o quienes son abuelos/as y llaman a su nietos pequeños para contarle un cuento antes de dormir.

Videos
Body 2

 

Sobre las personas mayores con dependencia y/o institucionalizadas

Si bien las personas mayores con diferentes niveles de dependencia funcional representan un porcentaje menor, constituyen el grupo con mayor riesgo de ser vulnerado en sus derechos y con mayor riesgo vital ante el COVID 19. Se incluyen en este grupo personas con situaciones vitales muy diferentes: con trastornos cognitivos moderados, con demencia, con afectaciones severas de salud mental, con enfermedades orgánicas importantes, con dificultades para movilizarse, en situación de extrema pobreza, en situación de calle, en situación de aislamiento, institucionalizadas, entre otras.

Dentro de la heterogeneidad de este grupo, hay dos elementos en común: la edad y el encontrarse en una situación de mucha vulnerabilidad – y en muchos casos vulneración – de sus Derechos. Por tanto, con estas personas en situación de distanciamiento físico, se debe estar muy atentos para garantizar sus derechos.

Es necesario asegurarse la participación y consentimiento de estas personas en todas las acciones que las involucren, ya sea traslado de residencia, internación, etc., manteniéndolas informadas sobre su situación. En el caso de las personas con deterioro cognitivo, esto no puede ser excusa para no informarle y solicitar su consentimiento. En estos casos se deberá comunicar de una forma que pueda ser lo más comprensible posible, según el grado de deterioro.

Parte de los derechos de estas personas es el de recibir atención sanitaria como cualquier ciudadano/a de este país. De ninguna manera se podrá postergar o negar la asistencia como se ha visto que ha sucedido en otros países. Las autoridades sanitarias y la sociedad toda deben velar por la garantía de sus derechos.

En el caso de las personas que se encuentran en un residencial, salvo que medie una declaración de incapacidad expedida por un juez, son ciudadanos con pleno ejercicio de sus derechos, por lo que no se los puede retener ni privar de su movilidad responsable, invocando una medida sanitaria voluntaria.

Tampoco se deben suspender las propuestas de salud mental, incluidas las grupales. Por el contrario, es necesario estrechar ese vínculo grupal y generar instancias de encuentro que, manteniendo el necesario distanciamiento físico, permitan a las personas analizar su situación, poner palabras a sus temores, miedos y también hacer propuestas sobre cómo sobrellevar colectivamente estas circunstancias.

Lo mismo sucede con las visitas y el contacto con sus seres queridos, es imprescindible mantenerlas, respetando las medidas de distanciamiento físico y de bioseguridad recomendadas, contando con un equipo técnico de apoyo en caso de ser necesario.

La situación de pandemia pone de manifiesto la discusión que este país se debe sobre los lugares colectivos de residencia de las personas mayores, que deberían ser considerados como instituciones de cuidado y no sanitarias o de privación de libertad, que permitan a las personas continuar creciendo, independiente de su edad.

Formulario

 

Envíanos tus comentarios:

Creditos

Créditos

  • Coordinación: Comité de Emergencia de la Facultad de Psicología, Udelar
  • Textos: Robert Pérez Fernández (Instituto de Psicología Social)
  • Ilustraciones: Yoselin Souza y equipo de diseño de la UCI
  • Vídeos: Mariana Rodríguez y Leticia Durante
  • Redes Sociales: Sarah Prates (UCI)
  • Diseño web y programación: Leticia Barros (UCI)
 

Suscripción a noticias