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"Tapabocas: las claves de vivir enmascarados"

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Temática
COVID-19
Medio
El País
Medio
Medio digital
Conductor/a - Periodista
Renzo Rosello
Entrevistado/a o mencionado/a por Facultad
Otro/a entrevistado/a
Alejandra Rey
Fecha
FUENTE
https://www.elpais.com.uy/domingo/tapabocas-claves-vivir-enmascarados.html

Una sonrisa puede trasmitir muchas cosas: afecto, cortesía, ironía, e incluso desdén. Esos mismos labios fruncidos pueden transmitir tristeza, desazón, contrariedad. Y quien aprecie el gesto no tendrá muchas dudas de qué cosa exactamente significa. Son años de entrenamiento en descifrar las expresiones faciales. Pero, de pronto, llegó el tapabocas (y narices, no olvidar) y todo cambia. El uso de barbijo se convirtió en el pasaporte al desconfinamiento luego del primer embate de la pandemia. La tríada de medidas recomendadas por médicos y científicos no deja margen a dudas: tapabocas, distancia física y lavado de manos. De las tres, el uso de una máscara es la que termina por enrarecer el ambiente y coloca un nuevo desafío para la vida en sociedad.

Y, tal vez porque está construido con el mismo material (tela), el tapabocas se convierte, entre otras cosas, en una bandera. Activistas antisistema de extrema derecha y de extrema izquierda enarbolan su rechazo al tapabocas como el mayor símbolo de protesta. De todos los colaterales del uso de este adminículo este es por lejos elmás inesperado. Lo cierto es que en el lento reenganche con la vida dentro de la “nueva normalidad” el barbijo se va imponiendo. De manera despareja, es cierto. Basta salir a una transitada calle céntrica para advertir que muchos se resisten a usarlo y no por posturas militantes, sino simplemente porque es una molestia que no están dispuestos a incorporar a sus vidas, por más que insistan médicos y científicos.

Otros, en cambio, tratan de que el barbijo se convierta en una prenda de buen gusto. De hecho, algunas grandes marcas y diseñadores de ropa advirtieron el filón y comenzaron a preparar tapabocas que hacen de la pandemia el mejor momento para la elegancia.

Lo cierto es que el tapabocas se introdujo en la vida social como un velo que deja súbitamente obsoleto aquel refrán que decía “se ven caras y no se ven corazones”.

Comunes en el arte precolombino y todas las culturas.

Uso de barbijo se evidencia en todos los ámbitos.

Domingo propone ver a través de la psicología social, el lenguaje corporal y, por supuesto, la medicina.

Pese a la aparente rareza del uso del accesorio algunos especialistas consultados insisten en que no debemos verlo como otra representación de una realidad distópica. Más bien se trata de la respuesta a una nueva realidad.

TRADICIONES Y SÍMBOLOS.

“El uso de mascarillas faciales o barbijos actualiza experiencias históricas y tradiciones culturales muy diversas”, apunta el psicólogo social y autor de varios estudios Juan Fernández Romar.

El especialista recuerda las máscaras con picos de ave que utilizaban los médicos allá por los siglos XVII y XVIII durante las devastadoras pandemias de “peste negra” y “peste bubónica” que asolaron a Europa en esas épocas. Esas máscaras tenían filtros aromáticos para mitigar los efluvios nauseabundos de los cuerpos de los pacientes, “esas emanaciones fétidas que transmitían enfermedades según la teoría miasmática que antecedió al descubrimiento de la vidamicroscópica”.

Pero el uso de barbijos se extendió a principios del siglo XX cuando la llamada “gripe española” hizo estragos en el mundo durante 1918.

“No se puede considerar el uso de máscaras faciales como una práctica disociada de las otras que la acompañan como, por ejemplo, el mantenimiento de la distancia social o el evitar el apretón de manos”, señala Fernández Romar.

Sin embargo, el uso de estas medidas combinadas tiene un impacto directo sobre la vida social. Muchas de nuestras costumbres están cambiando en este preciso momento y aún no sabemos qué consecuencias permanentes podrán acarrear sobre la vida en sociedad en un futuro inmediato.

“Mascarilla, distancia social, evitar el apretón de manos constituyen cambios que, de continuar, van a introducir modificaciones afectivas y simbólicas en los modos de convivencia”, apunta el experto consultado.

Este conjunto de medidas sanitarias apuntan directamente a las relaciones sociales y obligan a cambios drásticos para los que, precisamente, la vida moderna no parecía preparada.

“Tal vez un aspecto más negativo radique en la intensificación de la distancia social generada por el rostro cubierto aunque no se trate solamente de eso sino también del conjunto de restricciones en el contacto físico —reflexiona Fernández Romar—. Evidentemente que de prolongarse e institucionalizarse en el tiempo va a modificar el lazo social ya que aumenta la distancia afectiva y simbólica en todos los intercambios y comunicaciones cara a cara que realizamos”.

El ocultamiento parcial del rostro, señala asimismo el experto, también puede dar lugar a otros efectos negativos: reduce la capacidad de empatía con el otro y minimiza la comunicación no verbal.

“EL TAPAR EL ROSTRO PUEDE SER TAMBIÉN UNA FUENTE DE SEDUCCIÓN Y/O DE CURIOSIDAD”.

LENGUAJE CORPORAL

Buena parte de nuestra comunicación es, precisamente, no verbal. La importancia del lenguaje corporal es tal que se ha convertido en una disciplina científica, especialidad que ejerce el psicólogo clínico y catedrático Luis Gonçalvez Boggio.

“Tapar parte del rostro en la vida cotidiana nos puede llevar a un mayor estado de desconexión vincular, pero no necesariamente esto sucede con el uso del barbijo, sino que depende de otras variables”, señala el experto.

Ocultar el rostro puede tener también rasgos positivos, observa Gonçalvez Boggio. “El tapar parte del rostro puede ser también una fuente de seducción y/o de curiosidad, de qué hay detrás de esa máscara”, apunta.

Y aquí se encuentran algunas de las claves de esa comunicación no verbal que se hallan en juego. “Dos de los componentes claves de nuestro sistema de conexión social son el contacto ocular a través de la expresión de nuestros ojos y el uso de la voz y su modulación a través de la prosodia, la musicalidad de nuestra voz. Nuestra capacidad de relacionarnos puede estar determinada por lo que expresa nuestra mirada a través de los ojos y por tema nervioso autónomo de cualquier persona que se encuentre cerca, y la invita a acercarse, a comunicarse”.

Pero la interpretación de una sonrisa está lejos de ser lineal. Cuando es apenas un instrumento de cortesía sus características son bien distintas y también pueden serlo sus significados más profundos.

“En una sonrisa social, no hay movimiento en la parte superior de la cara, los ojos no se arrugan, no se mueven ni el músculo cigomático, ni el músculo orbicular), y en lugar de dar una expresión de bienvenida o de anhelo de contacto, se puede expresar, por el contrario, alerta, desconfianza o advertencia”, señala el experto en lenguaje corporal.

Estas complejas operaciones de decodificación corren casi exclusivamente a cargo del sentido de la vista. “Nuestros ojos ( nuestro sistema nervioso autónomo, en realidad), está permanentemente buscando señales de seguridad para poder interactuar amablemente con los otros”, señala el psicólogo.

Y parece estar en nuestra naturaleza el mecanismo compensatorio — ese que ocurre en casos extremos, como cuando se pierde el uso de un sentido y se fortalecen los restantes—, por ello la mirada intensifica toda su capacidad de observación y ayuda a mitigar molestas sustracciones como el tapabocas.

“Cuando estamos interactuando con barbijos, parte de nuestra expresión corporal del rostro se pierde, lo que intensifica la calidad del contacto de la mirada, por ejemplo”, observa el experto.

El encuentro con la mirada del otro está cargado de significaciones, cuando unos centímetros más abajo está colocado el tapabocas. “Si esta invita a interactuar, si es fija y concentrada, fuerte y tierna, cálida y acogedora, o, por el contrario, si es neutra o evitativa, sin transmitir mucha información y con poca carga”, ilustra Gonçalvez Boggio.

Algo similar ocurre con el sentido del oído que buscará interpretar las señales sonoras detrás de la mascarilla. “Los sonidos y las verbalizaciones que emitimos, por detrás de los barbijos, contienen señales de seguridad o de peligro, de atracción o de rechazo, por ejemplo”.

¿UN FUTURO ENMASCARADO?

Es previsible que el uso de tapabocas no se prolongue más allá de la existencia firme de una vacuna. Sin embargo, algunos científicos ya advierten que habría que pensar en este accesorio como de uso permanente. Y ello plantea nuevos desafíos.

“Nuestra sobrevivencia depende de las grupalidades que podamos construir, de la posibilidad de estar conectados socialmente y de la necesidad de estar en contacto afectivo”, apunta Gonçalvez Boggio. Y, al mismo tiempo, descree de la posibilidad de pasar a vivir en una distopía como la de 1984 de George Orwell, o El Mundo Feliz, de Aldous Huxley. “Es una medida absolutamente transitoria, sanitaria y solidaria”, agrega.

Más cauto, Fernández Romar observa con cierta inquietud la posibilidad de que el tapabocas no desaparezca tan rápido. “Evidentemente que, de prolongarse e institucionalizarse en el tiempo, va a modificar el lazo social, ya que aumenta la distancia afectiva y simbólica en todos los intercambios y comunicaciones cara a cara que realizamos”. De momento allí está. Hoy mismo, antes de salir usted tendrá que chequear si lo lleva puesto. Vivir enmascarados, nuevas señas de identidad que comenzamos a aprender.

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