Débora Tajer propuso una lectura incómoda e impactante sobre las masculinidades contemporáneas: lejos de pensarlas solo como un problema moral o conductual, las situó en el cruce entre subjetividad, poder y desigualdad. Desde una perspectiva interseccional, advirtió que la crisis actual de las masculinidades no puede comprenderse sin atender a cómo la hegemonía, cuando queda como único capital identitario en contextos de precarización y concentración de la riqueza, se vuelve terreno fértil para respuestas conservadoras, violentas y antidemocráticas.
La conferencia “Masculinidades: construcción, deconstrucción y reconstrucción conservadora” se realizó el 28 de noviembre en el Paraninfo de la Universidad de la República (Udelar) y constituyó la actividad central del segundo día del III Congreso Internacional de Psicología, organizado por la Facultad de Psicología. La exposición estuvo a cargo de la psicoanalista, profesora e investigadora Débora Tajer (Argentina) y contó con la presentación y moderación de la profesora Silvana Contino, integrante del Comité Organizador del Congreso.
Pensar las masculinidades desde la crisis
En el inicio de su ponencia, Tajer planteó que las masculinidades contemporáneas volvieron a ocupar un lugar central en el campo clínico, social y político, y propuso abordarlas a partir de tres momentos: construcción, deconstrucción y reconstrucción conservadora. Señaló que trabaja esta temática desde los años noventa, cuando investigó la mayor vulnerabilidad coronaria en varones, y sostuvo que allí quedó en evidencia que el narcisismo de género masculino, basado en el mandato de éxito y rendimiento, operó como un factor de riesgo para la salud al tensionar la identidad masculina con la autopreservación de la vida.
La expositora explicó que el modelo tradicional entró en crisis cuando las condiciones materiales dejaron de sostenerlo, en particular tras el impacto del neoliberalismo y la pérdida del trabajo formal. Observó que muchos varones socializados como proveedores no pudieron cumplir ese mandato, lo que derivó en una implosión subjetiva expresada en un aumento de la morbimortalidad. En ese marco, Tajer señaló que ya entonces había incorporado una mirada interseccional al articular género y clase, entendiendo que la subjetivación masculina siempre se producía de manera situada e históricamente determinada.
Hegemonía y desigualdad en la subjetividad
Tajer propuso profundizar el enfoque interseccional en el campo de la subjetividad, no solo para analizar desigualdades, sino también los ejes que otorgaron hegemonía. Afirmó que las personas no se constituyeron como copias de las determinaciones sociales, sino que se singularizaron en relación con ellas.
La invitada destacó que el análisis debía centrarse en el nivel micro, atendiendo a cómo cada sujeto vivió y procesó simultáneamente marcas de género, clase, raza, sexualidad, generación y territorio, produciendo configuraciones híbridas de poder y vulnerabilidad que operaron de forma situada y cambiante. Asimismo, sostuvo que el poder funcionó de manera posicional, relacional y dinámica, y que un mismo rasgo podía operar como vulnerabilidad en el espacio público y como dador de poder en el ámbito privado.
Nuevas prácticas, viejas lógicas
En relación con los cambios recientes en las masculinidades, Tajer señaló transformaciones significativas en la paternidad y en la heteronormatividad, especialmente en el deseo de mayor cercanía con hijas e hijos y en la ampliación de las formas del deseo. Sin embargo, afirmó que la relación con las mujeres mostró escasas modificaciones, ya que la heterosexualidad continuó organizada en términos de dominio.
La docente describió una fuerte tensión entre deseos constituidos en contextos desiguales y nuevos ideales igualitarios, tensión que impactó en la sexualidad y en los vínculos afectivos sin haber cuestionado aún la lógica fálica subyacente. Por otro lado, la investigadora introdujo la noción de “semejante” para explicar cómo varones éticos en ciertos vínculos podían ejercer prácticas no éticas con mujeres, sin que ello implicara psicopatología, sino una constitución psíquica ligada a estructuras de desigualdad.
La apropiación conservadora del malestar masculino
Finalmente, Tajer analizó la reconstrucción conservadora de las masculinidades como una respuesta a una crisis profunda, apropiada por discursos neoconservadores y neofascistas. Explicó que estos discursos canalizaron el malestar masculino generado por la precarización, la concentración de la riqueza y la imposibilidad de cumplir el ideal tradicional de proveedor, dirigiendo la frustración contra mujeres y disidencias. Concluyó que resulta imprescindible construir estrategias clínicas, políticas y éticas desde la interseccionalidad, capaces de interpelar ese malestar, disputar sus causas reales y generar nuevas alianzas que permitieran imaginar otros modos posibles de habitar las masculinidades.