En plena discusión sobre un posible cambio del plan de estudios de la Licenciatura en Psicología, el Claustro convocó a un conversatorio para reflexionar sobre las transformaciones de la formación. El encuentro repasó los cambios introducidos por los planes de 1988 y 2013, así como las tensiones que persisten entre la propuesta curricular y sus condiciones de implementación.
Cuando comenzó a discutirse el Plan 88, la preocupación era que la psicología fuera reconocida como profesión universitaria. Como explicó Luis Leopold durante el conversatorio, entre fines de los años 50 y fines del siglo XX la psicología en Uruguay se había orientado por el propósito estratégico y político de lograr el reconocimiento legal de la profesión.
Con la dictadura se cerró la Licenciatura en Psicología de la Facultad de Humanidades y Ciencias. En su lugar, en 1976, se creó la Escuela Universitaria de Psicología. Allí se impulsó un modelo de formación subordinado a la psiquiatría, donde los psicólogos se formaban a nivel técnico para aplicar herramientas diagnósticas, según recordó Michel Dibarboure, quien participó como estudiante en la discusión e implementación del Plan “IPUR” 88.
En ese contexto surgió el Plan 88. Este plan colocó en el centro la formación profesional. Las prácticas organizaban el recorrido estudiantil en talleres, pasantías y experiencias de campo que articulaban teoría y práctica a lo largo de toda la carrera, y la extensión se organizó en servicios. "Además de tener el teórico de psicopatología, había clases de psicopatología en el Hospital Vilardebó. Prácticamente todos los teóricos tenían prácticos", recordó Dibarboure, quien señaló que al Plan 88 se lo criticaba porque tenía mucha grupalidad.
PELP 2013
Veinticinco años después, el problema ya no era legitimar el ejercicio profesional. La discusión pasó a centrarse en el lugar de la psicología como disciplina académica, capaz de producir conocimiento situado, investigar y dialogar con estándares universitarios internacionales.
A comienzo del siglo XXI, distintos actores de la disciplina se proponían generar conocimiento y no solo consumir la psicología producida en otros ámbitos, explicó Leopold. Esa apuesta colocó en foco la investigación y la extensión. En este marco, el Plan de Estudios 2013 fue uno de los primeros que curricularizó la extensión en la Udelar.
Además, la implementación del Plan 2013 coincidió con la Segunda Reforma Universitaria, un período marcado por la expansión de los sistemas de créditos, la movilidad estudiantil y la formación interdisciplinaria. Para Dibarboure, estos cambios expresan una diferencia de enfoque entre los planes. Mientras que el Plan 88 colocaba en el centro la enseñanza y la transmisión de conocimientos, el Plan 2013 puso el acento en las trayectorias estudiantiles y en los procesos de aprendizaje.
Sin embargo, la discusión sobre un nuevo plan de estudios no se entiende únicamente por el cambio de paradigma académico. A fines de los 2000, el Plan 88 mostraba dificultades para sostener su modelo de formación frente al crecimiento de la matrícula.
"Yo entré en una generación que estaba cerca de los 2.000 estudiantes. En 2008 me quedé sin cupo en Psicología Social de segundo y entrar a un servicio era casi imposible. Los espacios de práctica ya no sostenían la cantidad de estudiantes; psicopatología en el hospital creo que la sacaron en 2009 o 2010", relató la docente Valeria Cavalli, quien participó en el proceso de cambio del IPUR al 2013 como estudiante.
La brecha entre la propuesta curricular y las "trayectorias reales"
La implementación del Plan 2013 también puso en evidencia las dificultades de sostener algunas de sus principales apuestas curriculares. Entre ellas, la construcción de trayectorias flexibles, la formación interdisciplinaria y la autonomía estudiantil. Para Dibarboure el modelo no fue pensado para la masividad porque propone autonomía sin tutoría. “Sin acompañamiento, la autonomía se convierte en desamparo”, expresó.
En su formulación original, el Plan 2013 apostaba por una fuerte flexibilidad curricular, con un importante componente de cursos optativos y electivos, incluso en otros servicios universitarios. Sin embargo, durante el proceso de aprobación esa propuesta fue ajustada. A esto se sumó el crecimiento sostenido de la matrícula. Con miles de estudiantes, la gestión de optativas interdisciplinarias se volvió cada vez más compleja. “Mi sensación es que esos ajustes curriculares le sacaron algo del espíritu y la dinámica al Plan 2013”, sostuvo Cecilia Baroni.
Otra de las tensiones señaladas refiere a las prácticas docentes. La transformación curricular requería cambios en las formas de enseñar, acompañar y evaluar, pero esos procesos no estuvieron acompañados por instancias suficientes de formación docente, evaluó Baroni. A su entender, lo que ocurrió fue que muchos docentes trasladaron contenidos del Plan 88 al nuevo formato sin modificar sustancialmente la lógica pedagógica. “Eso no es cambiar un plan de estudios”, afirmó. “En todo caso, cambiamos la estructura”. Para ella, el desafío actual no pasa únicamente por diseñar un nuevo plan, sino por revisar contenidos, prácticas de enseñanza y condiciones de implementación.
Las consecuencias de estas tensiones aparecen también en la experiencia cotidiana de quienes cursan la carrera. Varios estudiantes describieron la experiencia de cursar y aprobar hasta siete materias por semestre, decenas de textos por semana y un ritmo que deja poco espacio para el pensamiento crítico, además de chocar con las realidades de quienes trabajan o provienen de trayectorias diversas.
La semestralización, una medida pensada para reducir el abandono estudiantil, también generó posiciones encontradas. Algunos estudiantes señalaron que instaló una lógica de correr de un examen al siguiente sin tiempo para profundizar en los contenidos. “El semestre termina, corro con los exámenes, termino los exámenes, corro al siguiente semestre”, resumió uno de los participantes. Baroni, en cambio, defendió la medida al señalar que la anualidad hacía que quienes atravesaban interrupciones perdieran toda la escolaridad del año.
Para Cavalli, La distancia entre la propuesta curricular y su implementación no invalida necesariamente las orientaciones del Plan 2013. La docente destacó que principios como la autonomía , la construcción de trayectorias propias, la formación interdisciplinaria y la flexibilidad curricular son valiosos. Sin embargo, planteó que la discusión debería incluir las condiciones institucionales necesarias para hacerlos viables. “¿Qué necesita la Facultad de Psicología? ¿Qué tiene que ir a pedir? ¿Qué cosas tiene que ir a exigir para tener un plan que se corresponda con la formación que queremos?”, se preguntó