¿Qué ocurre en la psiquis de una persona cuando el entorno se desmorona? Entre travesías migratorias extenuantes, la pérdida de la lengua materna y la desazón de la exclusión, la clínica psicoanalítica sale de los consultorios privados para ofrecer un refugio de hospitalidad indispensable. A través de mediadores terapéuticos como el juego, el dibujo y la metáfora de los cuentos tradicionales, un grupo de psicoanalistas iberoamericanos demuestra que, aun frente a la hostilidad y la vulnerabilidad extrema, siempre es posible tejer un lazo social y ayudar a estructurar otra historia posible.
El encuentro “Vulnerabilidad y lazo social: la salud mental de niños y adultos en cuestión” tuvo lugar en el Salón de Actividades Científicas de la Asociación Psicoanalítica del Uruguay (APU) y fue organizado en el marco preparatorio del Tercer Congreso Internacional de Psicología ("Salud mental: perspectivas y desafíos para la construcción de otros mundos posibles"), de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República (Udelar).
La mesa redonda reunió un panel de relieve internacional que contó con María Antonieta Pezo (Universidad de San Pablo, Brasil / Grupo Veredas), quien expuso sobre el valor de los mediadores en los grupos de escucha con inmigrantes; Gabriela Pollak (APU), que compartió las experiencias clínicas del dispositivo interinstitucional de atención a infancias y adolescencias migrantes en Uruguay; Verónica Pérez Hórvath (profesora de la Facultad), que analizó la dimensión corporal y la alteridad en la migración; y Celso Gutfreind (Sociedad Brasileña de Psicoanálisis de Porto Alegre) quien dictó la conferencia central sobre el cuento infantil como mediador frente a la vulnerabilidad extrema. El evento contó con la moderación del docente de la Facultad, Ignacio Gerfauo Woloszyn.
Frente a la desazón precoz: la palabra compartida
La exposición de Pezo centró la mirada en la infancia vulnerable y los procesos migratorios. Planteó que, ante las fallas ambientales precoces, los niños experimentan un "miedo al derrumbe" (Winnicott) y una profunda "desazón" (Kaës), lo que representa un doble colapso psíquico y social. A esto se suman las hostilidades del entorno de acogida, tales como la discriminación, la precariedad habitacional y la interrupción de la lengua materna en el ámbito escolar, lo que frecuentemente deviene en bloqueos en la comunicación o diagnósticos de autismo,
Frente a esta fragmentación, Pezo expuso el funcionamiento de los "grupos de escucha". A diferencia de los encuadres clínicos tradicionales, estos grupos operan con un enfoque psicoprofiláctico y de cuidado de la vida cotidiana. Utilizan mediadores terapéuticos (como cuentos, arcilla, dramatizaciones y el pictograma grupal) para reactivar experiencias sensoriales no simbolizadas. Inspirándose en René Roussillon, comparó la dinámica de conversación grupal con el "juego del garabato" (Winnicott), donde la palabra o trazo de uno estimula asociaciones libres en los otros, permitiendo tejer sentidos compartidos en un espacio transicional intermedio.
Niños en tránsito: el dolor de llevar todo a cuestas
En su intervención, Pollak compartió los alcances y la investigación clínica surgida del convenio entre APU, UNICEF y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), desarrollado en el Centro de Referencia para Personas Migrantes en Montevideo. Contó que las familias atendidas provienen de travesías sumamente crudas y extenuantes por América Latina, marcadas por el desarraigo, la pérdida de referencias fundamentales y el temor constante a la exclusión o estafas.
Apoyándose en la teorización de Silvia Bleichmar, Pollak distinguió dos formas de manifestación clínica del sufrimiento en esta población: por un lado, el trastorno como indicador de fallas severas en la constitución misma del psiquismo a nivel intersubjetivo, originado por la desprotección y la inestabilidad del entorno de cuidado; por otro lado, el síntoma como expresión de un conflicto intrasubjetivo que cuenta con un estatuto representativo diferente en el aparato psíquico.
Ante esto, la psicoanalista propuso intervenciones clínicas de tiempo acotado que apuntan a dinamizar la representatividad psíquica y la capacidad narrativa de los niños y sus referentes, El objetivo último es reubicar el psicoanálisis como una herramienta comunitaria válida dentro del diseño de las políticas públicas de salud mental en Uruguay.
El "rasgo unario" como firma identitaria frente al destierro
Por su parte, la profesora Verónica Pérez abordó la experiencia migratoria como un sacudón subjetivo que confronta al individuo con lo extraño (Unheimlich freudiano) y la ajenidad que nos habita de manera inconsciente, según las nociones de Julia Kristeva.
A través de testimonios clínicos, analizó la complejidad de este proceso de transformación:
- La corporalidad de los gestos: Viñetas donde los modismos gestuales se transmiten entre el migrante y el local de forma casi imitativa (mímesis), integrándose gradualmente al propio cuerpo como una síntesis singular que no es del todo nacional ni del todo extranjera.
- La angustia de la desafiliación: Representada mediante el relato mítico de Io en la Metamorfosis de Ovidio (la doncella convertida en vaca que pierde sus brazos y su voz humana), ilustrando el pánico del migrante ante la pérdida de sus significantes de pertenencia, filiación y el mandato generacional.
- La paradoja de la identidad: Explicada filosóficamente a través de la paradoja del "barco de Teseo" en Thomas Hobbes (¿el barco sigue siendo el mismo si todas sus maderas fueron sustituidas?) y articulada psicoanalíticamente con el seminario de Jacques Lacan sobre la Identificación. Pérez concluyó que la continuidad del ser en la deriva migratoria no descansa en lo imaginario (la forma o la materia física), sino en lo simbólico: el "rasgo unario" (einzige Zug) que opera como la firma identitaria del sujeto.
Gutfreind dictó la conferencia central de la actividad basándose en una investigación-acción clínica realizada en escuelas públicas y centros de salud de Canoas y Porto Alegre (Brasil) con niños derivados por graves dificultades de aprendizaje o trastornos afectivos en contextos de extrema exclusión y violencia intrafamiliar.
En su ponencia, el invitado propuso el uso del cuento infantil tradicional como un mediador lúdico fundamental para promover la simbolización y la elaboración del dolor psíquico. En su propuesta, el factor terapéutico prioritario excede al contenido argumental de la historia: reside en el encuadre transferencial de pequeños grupos coordinados por duplas de terapeutas, donde el niño es mirado, tocado y bañado por el holding y la prosodia de la voz del narrador, recreando los soportes sensoriales primarios del desarrollo.
En este setting grupal, el relato opera como una zona de transición lúdica que continúa con espacios de dibujo y dramatización. A través de la metáfora y la distancia segura que ofrece la ficción frente a la realidad cruda, los pequeños logran suspender su omnipotencia defensiva. Esto les permite apropiarse de los personajes en lo que Pierre Lafforgue denomina identificaciones protéticas: al identificarse con figuras como el Soldadito de Plomo, el Hombre de Hojalata o Caperucita Roja, los niños logran nombrar y metabolizar sus miedos, discapacidades verbales o duelos por abandono. De esta forma, el cuento les enseña a imaginar para sí mismos otra historia posible, abriendo un espacio clínico donde la palabra, el silencio o el juego rescatan la salud de la subjetividad.
Posterior a las mesas principales, se abrió un dinámico espacio de intercambio con el público donde se abordó el desafío ético y práctico de "cuidar a quienes cuidan" (los espacios de supervisión clínica para terapeutas expuestos a situaciones límite), el aula escolar y el consultorio como refugios, y la emergencia de la "interlengua" como manifestación creativa del lazo social,
Finalmente, Celso Gutfreind realizó la presentación de su poemario bilingüe "Siesta Rural / Cesta Rural" (traducido por Leonor Ramos). La obra, escrita en la campaña uruguaya, evoca poéticamente la preservación de un ritmo de vida arcaico y comunitario que resiste los embates del progreso tecnológico masivo a través de la tradición de seguir contándose historias.