Diez años después de su creación, el Doctorado en Psicología volvió sobre su propia historia para pensar el presente: qué transformó, qué consolidó y qué desafíos emergen en un escenario académico atravesado por tensiones institucionales, nuevas regulaciones y el impacto creciente de la inteligencia artificial. Entre recuerdos, advertencias y celebraciones, la jornada dejó claro que el posgrado se convirtió en un espacio estratégico para el desarrollo de la psicología universitaria.
La actividad se realizó el viernes 21 de noviembre en el salón de actos “Élida Tuana” de la Facultad de Psicología, en el marco de los diez años del Doctorado en Psicología. La instancia se abrió con una mesa compuesta por el decano Enrico Irrazábal, el secretario de la Comisión Académica de Posgrado, Juan Soca, y la representante de la comisión de posgrado de la Facultad de Psicología, Magdalena Filgueira. Posteriormente intervino el equipo de la Dirección Académica del programa: Gabriela Bañuls (directora), Hugo Selma (director alterno) y Andrea Viera (tercer miembro).
La jornada cerró con la conferencia Cuestiones éticas en el uso de la IA en entornos de investigación científica, dictada por la profesora de la Universidad Castilla–La Mancha (España), Beatriz Martín del Campo.
Enrico Irrazábal recordó que el doctorado condensó “aciertos y dificultades” propias de una facultad con fuerte tradición profesionalista y clínica. Valoró el esfuerzo que implicó transitar hacia la producción de conocimiento y destacó que ese recorrido se construyó “en espacios democráticos y cada vez más amorosos”. También subrayó la necesidad de consolidar una estructura institucional sólida para el posgrado.
Un modelo adelantado a su tiempo
Juan Soca celebró el impacto del doctorado en la profesionalización académica en un país donde los posgrados se desarrollaron tardíamente. Señaló que el plan de estudios se adelantó a la nueva ordenanza porque integró investigación, docencia y extensión, y porque apostó a un diseño curricular flexible capaz de abarcar todas las áreas de la psicología. Enfatizó que la inserción de los doctorandos en grupos de trabajo fortaleció su formación y evitó el aislamiento típico de los modelos centrados exclusivamente en la tutoría individual.
Magdalena Filgueira expresó una profunda emoción al repasar décadas de trabajo para consolidar la psicología universitaria. Recordó la época en que coexistieron “dos centros universitarios” y la antigua Escuela Universitaria de Psicología —a la que definió como un “engendro”— y celebró el proceso que culminó en un programa doctoral sólido. Valoró su experiencia como integrante de la primera cohorte y sostuvo que el doctorado permitió articular docencia, investigación y extensión, incluso entre profesionales con fuerte impronta clínica. Afirmó que, tras diez años, la Facultad dialoga con mayor fuerza con la investigación universitaria.
Construir institucionalidad
Gabriela Bañuls destacó la trayectoria institucional del doctorado y recordó los inicios del programa, así como el trabajo fundacional previo a la normativa de 2015. Subrayó el esfuerzo del primer equipo académico para crear reglamentos y sostener coherencia entre cohortes en un escenario marcado por aprendizajes permanentes. Reconoció, además, el rol decisivo de la segunda dirección en plena pandemia, que debió resolver tensiones entre normativas, procesos individuales y urgencias institucionales, garantizando que los primeros doctorandos culminaran sus tesis.
Bañuls valoró los avances recientes: mayor regularidad en los egresos, presencia activa de la dirección en las defensas y la consolidación de prácticas que fortalecen la pertenencia institucional. Destacó el Día Doc, las ceremonias de bienvenida y la plataforma EVA como herramientas de cohesión. También mencionó los ajustes normativos, el ordenamiento de calendarios y la institucionalización del Tribunal de Admisión. Finalmente, advirtió que la nueva ordenanza universitaria exige revisiones profundas, especialmente en los tiempos de cursada, para no comprometer la calidad académica ni las condiciones de quienes estudian y trabajan.
Un programa que se ordena
Hugo Selma recordó que integró la dirección en un período de incremento sostenido de egresos y defensas consecutivas. Subrayó la importancia de acompañar esos procesos desde la dirección académica, tanto como garantía institucional como para mantener el pulso sobre la formación doctoral. Señaló la reorganización de entregas de informes y el trabajo coordinado con el Tribunal de Admisión, indispensable para corregir los desajustes que dejó la pandemia. Enfatizó la necesidad de sostener criterios comunes, ordenar los ciclos anuales y asegurar trayectorias formativas consistentes para cada estudiante.
Por su parte, Andrea Viera destacó la consolidación del Tribunal de Admisión como espacio formativo. Explicó que el trabajo en duplas, la discusión de criterios y la incorporación sistemática de evaluadores externos enriquecieron las perspectivas disciplinarias del tribunal. Indicó que la reformulación de proyectos pasó de ser excepcional a convertirse en una etapa habitual y valiosa, fortaleciendo la calidad de las propuestas. Según afirmó, los datos de los últimos cinco años muestran una mayor coherencia entre el tribunal y la dirección académica, así como devoluciones argumentadas que brindan orientaciones claras a cada postulante.
El desafío ético de la inteligencia artificial
En su Conferencia, Beatriz Martín del Campo sostuvo que la inteligencia artificial atravesaba todas las fases de la investigación —desde la formulación metodológica hasta la escritura final— y afirmó que ese alcance imponía un imperativo ético ineludible. Subrayó que las instituciones académicas debían acompañar este proceso porque las oportunidades crecían al mismo ritmo que los riesgos. “No podemos usar estas herramientas sin pensar sus efectos”, advirtió.
Planteó tres problemas centrales que requerían atención inmediata. El primero fue la opacidad: la mayoría de los modelos funcionaban como “cajas negras”, lo que dificultaba saber de dónde provenían los datos o cómo se generaban las respuestas. El segundo fue la imposibilidad de reproducir resultados debido a las versiones cambiantes de los modelos. El tercero, la confusión sobre la autoría cuando la intervención de la IA no quedaba explícita. Por eso sostuvo que el uso debía declararse indicando modelo, versión, instrucciones y aportes concretos.
Cerró su intervención afirmando que la IA no reemplaza la responsabilidad intelectual. Señaló que el criterio crítico seguía en manos de quien investiga, responsable de verificar información, identificar errores y comprender aunque sea de forma general el funcionamiento de los modelos. Insistió en que la autoría exige asumir decisiones humanas y hacerse cargo de sus consecuencias: “La autoría es humana o no es”, afirmó, para subrayar que ninguna herramienta tecnológica sustituye la reflexión académica.
En el video a continuación se puede visualizar la totalidad de la jornada: