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Formarse investigando: una apuesta ética y subjetiva en el posgrado

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Con una combinación de reflexión epistemológica, experiencia subjetiva y compromiso ético, Viviana Mancovsky invitó a pensar la formación de posgrado como una verdadera aventura: un proceso que transforma a quien investiga, interpela sus certezas y exige habitar la incomodidad. Lejos de una concepción técnica del oficio, la invitada sostuvo que investigar implica dejarse afectar por las preguntas, asumir la incertidumbre y construir conocimiento situado, en diálogo constante con otros y con uno mismo. 

La conferencia inaugural de la cohorte 2025 de las Maestrías, titulada La aventura de formar-se en el oficio del/de la investigador/a, se realizó el 5 de diciembre en el Salón de Actos “Élida Tuana” de la Facultad de Psicología. La actividad marcó el inicio de una nueva generación de estudiantes de la Maestría en Psicología Clínica, la Maestría en Psicología Social y la Maestría en Psicología y Educación, y estuvo a cargo de la investigadora y docente Viviana Mancovsky. La conferencia fue organizada de manera conjunta por las tres maestrías, en el marco de la apertura académica del nuevo año de formación.

La formación como gesto intergeneracional 

Viviana Mancovsky abrió su intervención situando el inicio de las maestrías como un gesto de transmisión intergeneracional y una aventura formativa que implicó volver a la universidad, elegir un proyecto y animarse a un desafío colectivo. Destacó a quienes integran la nueva cohorte como destinatarios privilegiados de la propuesta y planteó la charla como un espacio de intercambio, pensado para acompañar los primeros pasos en el oficio de investigar desde una pedagogía del posgrado.

La expositora explicó que abordó la formación desde la pedagogía de la formación en el posgrado, subrayando la necesidad de delimitar un punto de vista y reconocer que el conocimiento siempre se construye desde recortes situados. Señaló que la pedagogía ocupa históricamente un lugar incómodo en la universidad, a veces vista como prescriptiva o innecesaria, y propuso recuperarla como un saber de acompañamiento, mediación y creación de condiciones para el aprendizaje en contextos específicos, especialmente en la formación de personas adultas y en la producción de conocimiento.

Formar investigadores en tiempos de aceleración y rendimiento

Mancovsky analizó el contexto de época marcado por la pandemia, a la que definió —siguiendo a Carlos Gracián— como un hito que aceleró procesos ya existentes. Retomó las nociones de aceleración social de Hartmut Rosa y de “hombre instante” de Nicole Aubert para describir un tiempo caracterizado por la contracción del presente, la exigencia permanente y la lógica del rendimiento. En ese marco, advirtió sobre la mercantilización del conocimiento y la intensificación del trabajo académico, y se preguntó cómo formar investigadores en un contexto atravesado por la prisa, la productividad y la autosuperación constante.

La conferencista desarrolló la noción de formación desde tres perspectivas: como proceso vital y existencial, como proyecto institucional disponible y como disposición subjetiva del sujeto. Citó a Bernard Honoré al afirmar que “el hombre existe en formación” y sostuvo que formarse no constituye una actividad opcional, sino una condición de la existencia. Destacó que, aun cuando existieron programas, normativas y estructuras, la formación requirió una decisión personal, un trabajo sobre sí y una apertura a la transformación en interacción con otros.

Investigación más allá de los manuales: saber, experiencia y transformación

Finalmente, Mancovsky definió la formación para la investigación como un proceso que articula saberes teóricos, metodológicos, éticos y relacionales, y propuso pensar la investigación más allá de los manuales. Afirmó que investigar implica producir conocimiento nuevo en diálogo con lo ya existente, ampliar la capacidad de asombro y aceptar transformaciones subjetivas profundas. Diferenció la “experiencia de saber” del “saber de la experiencia” y concluyó que formarse supone animarse a pensar de otro modo, en un equilibrio inestable que permite “despedirse diferente de como se llegó” y sostener el deseo de seguir aprendiendo.

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Publicado el Martes 20 Enero, 2026

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