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La neurosis del psicoanalista: clínica, deseo y responsabilidad

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Desde una reflexión incisiva sobre el deseo, la transferencia y la supuesta neutralidad analítica, Bruno Bonoris puso en cuestión una de las ficciones más persistentes del psicoanálisis: la idea de un analista sin afectación. A lo largo de su exposición, sostuvo que la clínica no se juega en la correcta aplicación de técnicas ni en intervenciones brillantes, sino en la capacidad del analista para reconocer su propia implicación, asumir los desvíos que produce la transferencia y sostener una posición ética que no obture la pregunta por el deseo del analizante.

La conferencia “La neurosis del psicoanalista. Transferencia, neutralidad, hospitalidad y deseo del analista” se realizó el 25 de noviembre de 2025 en el Salón de Actos de la Facultad de Psicología. La actividad fue organizada por el programa Psicoterapias: teorías y técnicas del Instituto de Psicología Clínica, y contó con la moderación de la docente Rossina Yuliani, quien acompañó la exposición y el intercambio con el público. La presentación estuvo a cargo del psicólogo, psicoanalista y docente argentino Bruno Bonoris.

La pregunta por el deseo del analista 

Bonoris centró su exposición en la pregunta por la neurosis del psicoanalista y sostuvo que el problema del deseo del analista había quedado relegado dentro del lacanismo. Planteó que el analista desea inevitablemente cosas para sus pacientes y que la dificultad clínica no reside en negar ese deseo, sino en cómo se lo sostiene en la práctica. Señaló que ni la neutralización ni la lectura inmediata de esos movimientos como signos resuelven el problema, y propuso pensar los afectos, pensamientos y escenas del analista como parte constitutiva del trabajo clínico.

El invitado retomó la noción lacaniana del deseo del analista como ocupación de un lugar vacío y advirtió su cercanía con la idea de neutralidad. Explicó que ese vaciamiento busca no obturar la pregunta por el deseo del analizante, ya que “el deseo es el deseo del Otro”. Señaló que el analizante supone que el analista sabe algo sobre su deseo, cuando en realidad ese saber no existe, y ubicó allí el malestar de las primeras entrevistas. Afirmó que ese engaño estructural sostiene la transferencia.

Más allá de la viñeta clínica

El conferencista cuestionó la centralidad de la viñeta clínica como forma privilegiada de transmisión. Señaló que la viñeta cumplió una función ilustrativa, pero tendió a mistificar la figura del analista. Afirmó que los cambios subjetivos no ocurrieron por intervenciones brillantes ni por frases decisivas. En contraste, destacó los historiales de Freud, donde la clínica aparece en la descripción minuciosa de contextos, hipótesis, errores y afectaciones. Subrayó que la cura avanza por la construcción de un campo y no por una intervención aislada.

Bonoris propuso pensar la transferencia como un campo y no como una relación dual. Retomó a Lacan para afirmar que la neurosis de transferencia constituye, en realidad, la neurosis del analista. Señaló que la transferencia arrastra al analista hacia posiciones acordes a su propia neurosis y que la responsabilidad de no quedar fijado allí recae exclusivamente en él. Rechazó la explicación basada en la resistencia del paciente y sostuvo que el analista debe diagnosticar hacia dónde lo conduce la transferencia.

Advertir los deslizamientos

A partir de una escena clínica, el docente argentino mostró cómo la transferencia puede deslizar al analista hacia el lugar de amigo o confidente. Relató un momento en el que una intervención formulada como consejo produjo una rectificación por parte de la paciente. Ese episodio le permitió advertir su propio deslizamiento y confirmar que la transferencia siempre empuja hacia algún lugar. Insistió en que sostener el análisis implica advertir esos movimientos y asumir la responsabilidad por la dirección de la cura.

Para cerrar, Bonoris retomó la indicación del “no comprender” y la atención flotante como disposiciones éticas. Señaló que nadie deja de comprender, pero defendió la necesidad de poner las comprensiones a distancia. Usó la metáfora del ingeniero de sonido para pensar una escucha que ecualiza los dichos del paciente sin privilegiar ninguno. Afirmó que el problema no consiste en comprender, sino en quedar fijado a una idea, y propuso una clínica flexible, capaz de moverse y corregirse, como condición del deseo del analista.

 

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Publicado el Miércoles 21 Enero, 2026

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