Pasar al contenido principal

Loading...

NOTICIAS

"¿Puede el buscador de Google y las facilidades que ofrece internet volver el cerebro más perezoso y eliminar el esfuerzo por retener información que fácilmente puede encontrarse en la red?"

Imagen
Temática
La memoria
Medio
Revista Galería
Medio
Medio impreso
Conductor/a - Periodista
Patricia Mántaras
Entrevistado/a o mencionado/a por Facultad
Fecha
FUENTE
http://www.psico.edu.uy/sites/default/files/nota_galeria_1.pdf

Las noches de verano pueden prestarse para muchas cosas. Para encuentros ardientes con desconocidos sin historia ni futuro, para paseos nocturnos, para asados interminables o para tratar de recordar hasta entrada la madrugada el nombre de esta actriz no demasiado expresiva que actuaba en “Copycat”. No era Sigourney Weaver, no. Era la otra, la que había trabajado también en “Educando a Arizona”, en “Detrás de las noticias”, en “Siempre”. ¿Cómo se llamaba? Ya había pasado el tiempo razonable como para abandonar el tema, pero el asunto ya se había vuelto obsesión, y en la era pre Internet, la memoria era la única herramienta posible (además de las bibliotecas) para dilucidar este tipo de misterios. “¡Holly Hunter!”, gritó alguien por fin, cuando ya habían pasado horas. Las involucradas todavía recuerdan quién recordó el nombre y la tienen catalogada como una memoria prodigiosa. Esta anécdota tiene años, cualquiera podría deducirlo. Hoy, nadie se pasa horas intentando recordar algo que puede encontrar en segundos con una rápida búsqueda en Google. En respuesta a un estudio publicado en la revista “Science” que soste “Educando a Arizona”, en “Detrás de las noticias”, en “Siempre”. ¿Cómo se llamaba? Ya había pasado el tiempo razonable como para abandonar el tema, pero el asunto ya se había vuelto obsesión, y en la era pre Internet, la memoria era la única herramienta posible (además de las bibliotecas) para dilucidar este tipo de misterios. “¡Holly Hunter!”, gritó alguien por fn, cuando ya habían pasado horas. Las involucradas todavía recuerdan quién recordó el nombre y la tienen catalogada como una memoria prodigiosa.

Esta anécdota tiene años, cualquiera podría deducirlo. Hoy, nadie se pasa horas intentando recordar algo que puede encontrar en segundos con una rápida búsqueda en Google. En respuesta a un estudio publicado en la revista “Science” que sostenía que cada vez más la gente utiliza Internet y buscadores como Google como un “banco personal de memoria”, el programa estadounidense “9News” hizo una encuesta callejera en la que preguntaba a personas elegidas al azar en la calle tres cosas muy simples: Cuándo había asumido Obama, qué película había ganado el Oscar ese año, y cuándo se había frmado la Declaratoria de la Independencia en ese país. Casi todos los interrogados recurrieron a sus celulares en lugar de a su memoria para obtener la respuesta. Los científcos llaman a este fenómeno el “efecto Google”.A eso precisamente se refiere el libro del estadounidense Nicholas Carr titulado “Superfciales”, editado en 2011 y fnalista para los premios Pulitzer. El periodista asegura que en esta era “nuestra habilidad para aprender sufre, y nuestra comprensión se queda en lo superfcial”, además de que “cometemos más errores y que hay una tendencia a hacer todo más rápido pero de manera más desprolija”. Mario Vargas Llosa leyó este libro “de un tirón”, y quedó “fascinado, asustado y entristecido”, según contó en una columna que escribió al respecto para “El País” de Madrid en una fecha cercana a la publicación del texto. “No es verdad que el Internet sea solo una herramienta. Es un utensilio que pasa a ser una prolongación de nuestro propio cuerpo, de nuestro propio cerebro, el que, también, de una manera discreta, se va adaptando poco a poco a ese nuevo sistema de informarse y de pensar, renunciando poco a poco a las funciones que este sistema hace por él y, a veces, mejor que él. (...)

¿Para qué mantener fresca y activa la memoria si toda ella está almacenada en algo que un programador de sistemas ha llamado "la mejor y más grande biblioteca del mundo’? ¿Y para qué aguzar la atención si pulsando las teclas adecuadas los recuerdos que necesito vienen a mí, resucitados por esas diligentes máquinas?”, se pregunta el Nobel de literatura en su columna.Claro que también está la otra cara de la moneda, la otra interpretación de un fenómeno inevitable que, como suele ocurrir, algunos satanizan y otros idealizan. El mediático neurólogo argentino Facundo Manes está entre los primeros y asegura que “el uso de la web como un banco de la memoria es virtuoso”.

Las preguntas brotan sin límite. ¿Puede verse afectada o disminuida la memoria siendo que, gracias a Google, no tenemos que recurrir tanto a ella? ¿Puede resultar positivo al destinar esa capacidad para otras actividades también constructivas? ¿Pueden las nuevas herramientas de Internet, instantáneas y constante factor de distracción, conspirar contra la creatividad? ¿Qué pasa con los
niños que crecen rodeados de estas nuevas tecnologías? ¿Puede verse perjudicada también la escritura y la ortografía? ¿Se puede decir que el cerebro trabaja de otra manera? Aquí, algunas respuestas.

Disco externo. Todo se reduce a la tranquilizadora certeza de que algo estará siempre disponible, sin necesidad de esfuerzo. Cuando sucede en las relaciones, nos dejamos estar y dejamos que el otro haga todo, y en este caso, no es muy diferente. Si Internet puede almacenar todo el conocimiento por nosotros, ¿para qué exigirnos? Esto es lo que sostiene el estudio de la Universidad de Columbia que publicó “Science”. Los investigadores descubrieron que cuando la información se encuentra fácilmente en la red, las personas tienden a recordar dónde la hallaron en lugar de la información en sí misma. El psicólogo y profesor adjunto grado 3 de la Facultad de Psicología de la UdelaR Alejandro Vásquez, que investiga temas de memoria, temporalidad subjetiva y desarrollo cognitivo, dijo a galería que si bien “tener disponible la información en redes como internet perjudica el recuerdo de las cosas, (...) mejora la información sobre cómo recuperarla”. El especialista explicó que algunos estudios muestran que “la participación en redes mejora la disponibilidad de información, pero parece reducir la intención y las habilidades de saber cómo generarlas. Por ejemplo, hoy es muy fácil acceder a un resumen para estudiar para un examen, por lo que puede disminuir la cantidad de estudiantes que hacen resúmenes, perjudicando el proceso de codifcación de la información”. Según Vásquez, esto sugiere que estamos “adaptando nuestras estrategias a la disponibilidad de información a través de la web, suponiendo que la Internet hará algunas cosas por nosotros y que nosotros solo tenemos que saber cómo buscar”.

Suscripción a noticias