Dormimos, pero no es seguro que soñemos
Hace unos 15 días entré al hall de un edificio y me tropecé con una escena. Un joven de unos 26 o 27 años, corpulento, bastante alto, le comentaba a la portera que le estaban dando medicamentos para dormir. Se había ido a la cama a las 12 de la noche y se despertó a las 2 de la tarde. Durante el día se sentía como zombie.
La portera, que sabe que soy psicóloga, me miró como esperando que dijera algo. No dije nada. Me quedé callada mientras esperábamos el ascensor, en ese tipo de situaciones, cuando una no conoce el terreno, es mejor no meterse. Ella lo miró y dijo: “Ay, qué cosa”. Después nos subimos al ascensor.